Marcos García Guerrero

Definitely Maybe. Veinte años de Oasis

Oasis

Veinte años del Definitely Maybe. Cinco años de la ruptura de Oasis. Eran unos melones, vale, pero les echamos de menos.

Este 2014 se cumple el vigésimo aniversario del álbum que, junto al Parklife de Blur, dio el pistoletazo de salida al britpop. Frente al apatía autodestructiva del grunge, los hermanos Gallagher revitalizaron la escena rock mundial en 1994 reivindicando el autoestima vital (Supersonic), celebrando los placeres de la noche (Cigarettes & Alcohol) y reclamando las ganas de vivir para siempre (Live Forever). Herederos directos de la escena de Manchester (Madchester), canalizaron la fiereza de grupos como The Who filtrándola con la querencia melódica y psicodélica de The Beatles y el descaro glam de bandas como T. Rex. Ya lo avisaba desde el inicio Liam Gallagher, envuelto en el característico muro de guitarras de la banda y arrastrando sílabas como el mejor Lennon: ellos querían ser unas rock ´n´ rol stars. Y lo lograron automáticamente con el que para muchos es su mejor disco.

Para celebrar tan señalada fecha (el que piense que en los noventa murió el rock que se repase la lista de discazos que se publicaron en 1994; o que directamente eche un vistazo al panorama actual), el próximo mayo saldrá a la venta la consabida reedición remasterizada del disco, hecho de más valor simbólico que material, como corrobora el propio Liam: «¿Cómo puedes remasterizar algo que ya había sido masterizado? No lo compres. Déjale estar».

Para los despistados y los anti-mainstream que piensen que Oasis fueron fruto de un one-hit wonder (Wonderwall), sirve con recordarles que ese primer disco se convirtió en su día en el debut más vendido de Reino Unido (ocho millones de ejemplares), hito nada desdeñable en la tierra que nos ha dado las mejores bandas de la historia del rock. Luego vendría (What´s The Story) Morning Glory? y la histeria mundial.

Es difícil ser objetivo con Oasis para los que éramos púberes (o pre-púberes) cuando los de Manchester estaban en lo más alto. Siempre será una de las bandas de nuestra vida. Y es que Oasis eran los noventa. Eran ir con el flequillo por la cara y el chubasquero hasta la barbilla. Eran estar peleado con el mundo y cantar con las manos en la espalda. Eran los Beatles y el rollo mod. Eran el fútbol inglés del Plus los sábados por la tarde y Cantoná pegando una patada voladora a un hooligan. Eran las peleas con Blur y el desear que Damon Albarn se muriese de sida. Oasis eran Oasis.

Vale que los Gallagher fueron probablemente la pareja más arrogante y estúpida del rock and roll (amén de la que más pelo tenía en las cejas), pero las chorradas que decían y hacían engrandecieron aún más su leyenda. Ya se sabe: This Is Spinal Tap. Se proclamaban más famosos que los Beatles (y por ende que Jesucristo), llamaban idiotas a los que leían libros y se peleaban cada vez que podían (entre ellos o con el que estuviese más cerca: «el gordito de Take That», Elthon John, Phil Collins…). Pero es que con Oasis murió el espíritu original del rock: ser zoquete y que te aclamen por ello. Ya lo dijo Noel Gallagher, «soy una puta estrella del rock, me puede gustar a la vez el Barça y el Madrid si me sale de los cojones». Pues eso, Rock´n roll way of life.

oasis 2

En el súmmun de su éxito se les llegó a calificar como la banda británica más grande desde The Beatles, afirmación evidentemente exagerada pero que ayuda a hacernos una idea de la dimensión que llegaron a alcanzar. Ochenta millones de discos vendidos después, queda en su haber dos álbumes prodigiosos (y posiblemente uno de los mejores recopilatorios de caras b que se recuerdan), un buen puñado de himnos generacionales y la reconocida admiración de músicos tan dispares como Thruston Moore (Sonic Youth), Bono (U2), Billy Corgan (The Smashing Pumpkins) o Lars Ulrich (Metallica).

Y es que por mucha morralla que publicasen pasado el punch de sus primeros años (que tampoco fue tanta), Oasis se ganó a pulso un lugar de honor en la historia del rock. Además, hay que reconocer que siempre aseguraron que querían hacer dos discos buenos y vivir el resto de su vida de ellos. Quizás no fuesen tan tontos como parecían. 

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