Marcos García Guerrero

Perdedor (I´m a loser, baby). Sabadell 2, Sporting 0

loser

Foto de E.C.

 

La vida es eso que pasa mientras el Sporting te decepciona una y otra vez.

Hay un tipo de futbolero que, a la fuerza, desarrolla una épica del perdedor con la que dignificar el fracaso. Crea una identidad en la derrota. Ese futbolero ha crecido alejado del éxito, o lo ha conocido fugazmente y posiblemente en términos relativos, por eso frente al orgullo displicente del hincha poderoso, ejerce un victimismo redentor, un patetismo impostado que no es más que darwinismo balompédico: adaptarse o morir. Es el aficionado al que no le queda más remedio que conformarse con el sueño de un éxito que no sería más que la excreción del fracaso del otro, del triunfador. El estoicismo de la derrota frente a hedonismo del éxito. Ya se sabe, ese “en el Bernabeu se nos escuchaba más a nosotros. Incluso con el 7-1”.

Pero eso es una milonga. Es una milonga porque un 7-1 en contra es siempre mucho peor que cualquier canción de Mike Oldfield versionada en clave rojiblanca, incluso escuchada por encima de los cánticos de los Ultras Sur. Es una milonga porque por muy digna que pueda ser una derrota, mucho más placentera es la sensación de una victoria. Es una milonga porque, en definitiva, nadie elige por su propia voluntad apoyar a equipos perdedores, a excepción de retropetardos recién aterrizados en el culto a los clubes de barrio que pregonan su odio por el fútbol moderno tuiteando desde su iPhone de 600 chapos. El resto, los que no establecemos nuestros lazos emocional-futbolísticos de acuerdo a coartadas pseudo intelectuales, firmaríamos ahora mismo vivir las mieles del éxito de un equipo grande, sea o no la cosa honorable, mística o heroica. El problema es que normalmente no se elige el equipo a seguir, si no que éste te elige a tí. Y a los gijoneses (y a buena parte de los asturianos) el Sporting nos ha agarrado por los huevos y por mucho que apriete, no tenemos forma de quitárnoslo de encima. Y tampoco queremos, para qué nos vamos a engañar. Y no porque nos guste sufrir.

Así pues, lo esperable después de la derrota en Sabadell, después de un nuevo paso en falso del equipo y después de dilapidar nuestras opciones de acceso directo y empezar a poner en peligro las de play off, sería sacar a relucir ese falso orgullo de equipo loser y erigir una oda a la derrota que nos hiciese vanagloriarnos de nuestras desdichas para dormir más tranquilos. Pero ya hay quien ha escrito sobre eso. Y además, son Sandoval y los jugadores, y no nosostros, los que se deben aplicar el cuento:

“Soy un perdedor, I´m a loser, baby, so why don’t you kill me?

 

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