Rubén Paniceres

75 años prodigiosos: Marvel

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Los orígenes de la apodada Casa de las Ideas, la  Marvel comic group, se remontan a los años 30 cuando un joven emprendedor de origen judío llamado Martin Goodman reestructuró su empresa dedicada a publicar revistas pulp en una editorial de comic books bautizada como Timely. Goodman había percibido el impacto de los primeros superhéroes, Superman y Batman, los cuales habían sido obra de autores judíos. Exégetas como Michael Chabon consideran a esos trabajos una sublimación de las esperanzas y frustraciones de una minoría marginada: los emigrantes hebreos, que reutilizaban la leyenda del Golem  para diseñar unos campeones contra la injusticia y la tiranía.

Por ello, en un posicionamiento contrario a todo tipo de totalitarismos (tendencia omnipresente en toda la historia de la Marvel), Goodman editará el  31 de agosto de 1939, el día que la Alemania nazi invade Polonia, el primer número de la colección Marvel comics, que incluía a extravagantes superhéroes como La antorcha humana o Namor, el Príncipe submarino. Pero sobre todo fue vital en diciembre de 1940, antes de que los EEUU entraran en guerra contra El Eje, la edición del primer superhéroe nacional claramente antifascista: El Capitán América, el cual en la portada de su primer número le arreaba un soberbio manporro al mismísimo Adolfo Hitler. El personaje era obra de dos artistas Joe Simon y Jacob Kützberg que solía firmar como Jack Kirby. En dicha colección empezó a escribir guiones, Stanley Leiber, alias Stan Lee. Éstos dos últimos devendrían en la piedra angular  del universo Marvel.

De nuevo Marvel

Después de la Guerra, Timely se rebautizó como Atlas y languideció en una decadencia, consecuencia de la eclosión de la censura con el nefasto Comic Code, la implosión de la televisión  y la paranoia de La Guerra Fría. Hasta el paladín de la libertad, El Capitán América, había devenido en un vigilante de extrema derecha, calificado por el historiador Howard Zinn como fanático mccarthista. A la deriva en una serie de anodinos títulos de romance, western, y fantasía, Atlas que vuelve a renombrarse, como Marvel, resurge de sus cenizas con la edición en 1961 del primer número de Los Cuatro Fantásticos. Un grupo de bizarros superhéroes compuesto por Mr. Fantástico, La Chica Invisible, La Antorcha Humana y La Cosa, los cuales adquieren sus poderes al ser cósmicamente irradiados en un trayecto espacial, cada uno de ellos hábilmente delineado en su psicología y problemática individuales, constituyendo un trasunto de familia extensa tan conflictiva como unida ante la adversidad. La colección era resultado de la escritura de Stan Lee, asimismo director de todos los títulos de la editorial, y del grafismo titánico e inigualable de Jack Kirby y es denominada como el inicio de la denominada Edad de Plata en el comic book.Marvel ross

El dúo de creadores, (en el que los analistas aún no se han puesto de acuerdo en cual de ellos era en realidad el hombre de las ideas),  fueron presentando en un amplio abanico de títulos una inagotable panoplia de personajes que pertenecen al imaginario occidental: El increíble Hulk, Iron Man, Thor, Daredevil, Los Vengadores… Lee y Kirby sabían aunar el sense of wonder con una lógica aristotélica de la verosimilitud que acercaba la aventura fabulosa a la esfera de la cotidianidad. Tan importante como la acción eran las relaciones personales, el nivel emocional teñido de melodrama, así, como una ambientación en un escenario que no era otro que Manhatan Los superhéroes eran,  a partir de ese momento, seres de carne y hueso con dificultades similares a las de cualquier ser humano ante el desafío de la existencia. Tan importante como la acción eran las relaciones personales, el nivel emocional teñido de melodrama, así, como una ambientación en un escenario habitual que no era otro que Manhatan. Expresándose los héroes marvel  con los giros verbales de los habitantes de la Gran Manzana.

Lee era consciente de que su audiencia era esencialmente adolescente y del pathos dramático que tiene el rito de paso de la juventud temprana. Por ello alumbró en colaboración con el dibujante Steve Ditko a Peter Parker, el chico mas rechazado del instituto que devino en el superhéroe con el que todos podíamos identificarnos: Spiderman. Arquetipo de  la ética que Lee quería  transmitir con sus héroes: “Un gran poder, exige una gran responsabilidad”.

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Liberal simpatizante de La Nueva Frontera del presidente Kennedy, Stan Lee imponía una conciencia social a sus personajes. La defensa de la democracia, los derechos humanos y el respeto al diferente, siempre ha sido una característica de la Marvel. Como notificaba de forma transparente  la colección de los X- Men, el grupo de mutantes que sufrían el acoso racista de una sociedad intolerante que podía derivar hacia el fascismo. Asimismo, se recuperaba la dignidad de añejos arquetipos como El Capitán América investido en el rol de un moderno Rip van Winkle que intentaba comprender cuanto habían cambiado los USA. Esa sensibilidad hacia las transformaciones culturales y políticas de América, ha estado siempre omnipresente en la trayectoria de La Casa de las Ideas Precisamente, esa sensibilidad hacia las transformaciones culturales y políticas de América, ha estado siempre omnipresente en la trayectoria de La Casa de las Ideas, posibilitando la incorporación de nuevos creadores como Steve Gerber, Don Mcgregor, Jim Starlin, Neal Adams, Doug Moench, Paul Gulacy o Steve Englehart, que  se allegaban al espíritu de la contracultura y la contestación juvenil, generado por las secuelas de Vietnam y el Watergate.

La denuncia de las contradicciones del sistema  y una sensación de desencanto que se asentaba en el ánimo de los héroes fueron elementos que colorearon, con un frenesí casi lisérgico en los aspectos narrativos, aquella época. Como contrapeso el guionista y editor Roy Thomas efectuó una adaptación del personaje de los pulps, Conan, el bárbaro, creado por Robert Howard, enriquecida inicialmente por el modernista grafismo de Barry Smith.

Década de los 70

Portada Giant-Size X-Men 1 Sin embargo, la renovación de los jóvenes airados, algo inmadura e inconsistente, fue efímera. Kirby había abandonado la empresa a principios de los 70 y Lee se había ido paulatinamente alejando de las tareas creativas. La Marvel se sostenía por la labor de excelentes grafistas como John Buscema, Gene Colan o John  Romita. Pero, las historias se descubrían reiterativas y adocenadas. Muy lejos parecía estar el aire fresco aportado por un Jim Steranko que había transfigurado las viñetas con un  hechizante y vanguardista estilo de gran belleza plástica. Tuvo que ser un nuevo director, Jim Shooter, duro e inexorable con los autores pero repleto de ideas, quien reanimará a finales de los 70 el coma de la empresa. Germinaron brillantes palimpsestos de los clásicos de la Edad de Plata, como el Thor de Walter Simonson, Los Cuatro Fantásticos de John Byrne los X-Men de Chris Claremont o la reconversión en clave de serie negra del Daredevil de Frank Miller. Shooter intentó atraerse al público adulto con una línea de novelas graficas en el formato europeo  y  sellos como Epic, en la que se ofertaban títulos de gran ambición estética y temática, donde centellearon barrocos talentos como  el dibujante Bill Sienkiewicz. Lamentablemente enajenó al público con la banal serie Secret Wars, escrita por  él mismo y editada a principios de los 80. Protagonizada por los principales caracteres de las series, originó un cross over (cruce de colecciones) que conectaba a la mayoría de los títulos de la Marvel. El propósito era trocar al lector en un voraz “marvel zombi” dedicado en exclusiva a la lectura compulsiva de todos los comics de la casa.

Los 80

A finales de los 80, la editorial naufragaba en la narcisista exaltación de cuerpos hipermusculados y un hueco virtuosismo  gráfico que proponía una generación de caricaturistas como Jim Lee, Erik Larsen, Rob Liefeld o Todd McFarlane.  También era inquietante el que el personaje de mas éxito en aquellos tiempos fuera el fascistoide justiciero urbano The Punisher. Para entonces, Shooter, había sido despedido y Marvel entro en una espiral de compraventa en la que “ el dinero nunca duerme”, propia de un film de Oliver Stone. La  modesta empresa de sus principios era ahora una pieza más del Mainstream, deviniendo, sucesivamente, propiedad de productoras cinematográficas, magnates de la cosmética o empresas dedicadas a la difusión de cromos.

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A pesar de todo, aún subsistía la creatividad. En 1993 Kurt Busiek y Alex Ross presentaron Marvels, miniserie que revisaba la mítica de la casa, para un gran fresco de la reciente historia de los Estados Unidos a la altura de la obra de un E. L .Doctorow. Mientras que en los inicios del siglo XXI eclosionó el concepto de los Ultimates, una interpretación alternativa de los orígenes de los personajes estelares de la editorial en la que sobresale Ultimate Avengers de Mark Millar y Bryan Hitch. Desmitificadora exploración sobre el lado oscuro de los héroes más poderosos de los USA, sin olvidar una mayor franqueza en la orientacion sexual de sus héroes, como acaece en Rahwide Kid, miniserie, protagonizada por un “alegre” cowboy en busca su Brokeback Mountain.

 Marvel en la actualidad

En la actualidad, Marvel, se integra en la maquinaria de la multinacional Disney. Ésta  ha programado en los últimos años un proyecto que ensambla pelÍculas, series de tv o cortos en Internet, con Los Vengadores como punto de fuga, aspirando lograr el propósito de Jim Shooter: Convertirnos en adictos de una casi inabarcable mitología y sus inevitables consecuencias que se resumen en el merchandising como opción vital.

Pero el sueño que crearon Stan Lee  y sus asociados se resiste a morir. Aún perdura ese sentimiento que muchos adolescentes han sentido cuando han asistido al drama épico del tránsito iniciático a la madurez que encontramos en Spiderman o los X-Men. O el vigoroso manifiesto sobre la necesidad de la libertad y la democracia que la Marvel ha transmitido en los mejores momentos de su producción, el cual puede resumirse en el segmento de la saga de Civil War, en la que Steve Rogers, El capitán América, fallece musitando toda una declaración de principios: “Que no sufran los inocentes”.

En fin, 75 años después de su génesis tal vez solo se pueda decir de Marvel la frase con la que Stan Lee se despedía de sus lectores: EXCELSIOR

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