Carlos Hevia Fernández

Bufo & Spallanzani (y todos los habitantes de Rubem Fonseca)

Rubem Fonseca

Curiosus nemo es quin sit malevolus
Toda curiosidad tiene algo de perverso. Plauto.

Conocí a Rubem Fonseca (Juiz de Fora- Minas Gerais 1925) en la biblioteca de mi barrio.  Es una biblioteca con una curiosa distribución. La novela está dividida por países y orden alfabético, pero del modo mas aleatorio que he visto nunca. En novela sueco-danesa, al lado de Mankell, encuentras al noruego Nesbo y a la finlandesa Oksanen. Se ve que alguien piensa que siendo todos nórdicos, que mas da. En novela italiana resplandecen las Novelas ejemplares, supongo que el apellido Cervantes no le sonaba muy español al becario de turno. Hay novela turco-húngara. Si, yo también me pregunto por qué motivo, si Turquía y Hungría ni siquiera son países fronterizos, están a miles de kilómetros y tienen a Rumanía y Bulgaria entremedias. En la zona de novela árabe-hebrea me gusta detenerme a reflexionar: Ojalá fuera tan fácil la convivencia entre las dos culturas como resulta en estos estantes, donde cohabitan sin estorbarse ni pelear.
A pesar de esos pequeños defectos, me entusiasma navegar por los estrechos pasillos entre estanterías pobladas de libros. Encontrar un buen libro es como hallar una ostra con perla buceando en un arrecife de coral o un fósil de dinosaurio escarbando en un acantilado del jurásico. Cuando ocurre el hallazgo y te llevas a casa una novela que te absorbe y no te deja apagar la luz y dormir, no hay aventura ni viaje más alimenticio. Solo pido dos requisitos: que esté lo suficientemente nuevo como para que aun huela a imprenta, a tinta fresca y celulosa y que llame mi atención por cualquier motivo. Puede ser el título o el nombre del autor o la reseña de contraportada. En novela inglesa -incluye a todos los anglo escribientes- tropecé con Guía, de un tal Dennis Cooper, con prólogo de Nacho Vegas. Me intrigó, seguro que es underground si la prologa el cantautor outsider,  Después de intentar leerla y no conseguirlo, lo que pensé fue que A man in constant sorrow  y yo no coincidimos en gustos. Al menos no en todos.
Pues fisgando un día en novela portuguesa, al lado de Eça de Queiroz asomaba un tal Rubem Fonseca, con un volumen de relatos cortos de la editorial Alfaguara. La sinopsis parecía seductora. Me enganchó. Después de aquel, empecé a buscarlo con avidez. Leí El caso Morel, novela  prototípica por la que fluyen su personajes fetiche: Escritores, policías, abogados y criminales. En El caso Morel, un preso que está escribiendo su historia contacta con un escritor a traves de un comisario; el convicto irá entregándole manuscritos a Vilela, que a su vez escribe su propia historia, los relatos se entremezclan hasta solaparse, llega un momento en que no sabes que parte de la historia pertenece a uno u otro. Todo resuelto con maestría, Fonseca domina los recursos literarios. Abogado y durante un tiempo contratado por la policía brasileña, lo dejó para dedicarse a escribir. Y queda claro que se nutre de los bandidos que trató en esa etapa. En El gran arte despliega una panoplia de personajes atrabiliarios, sean aristócratas o mangantes de los bajos fondos que confluyen en torno al dinero, el sexo y la cocaína. El abogado Mandrake se ve envuelto en una serie de crímenes de prostitutas a las que su asesino marca con la letra P en la frente. El sexo ocupa un lugar preponderante en la literatura de Fonseca. Sus personajes, o sienten una avidez por él cercana a la patológica, o son impotentes, una de las obsesiones recurrentes del autor.
71Z+vmA-CdL._SL1500_        Sin embargo, Rubem Fonseca no es un escritor fácil, de novela de misterio al uso. Es un tipo erudito, que gusta de añadir citas literarias y filosóficas, y que a la vez que describe la resolución de una intriga, nos va dejando perlas para reflexionar y un retrato sociológico inclemente con la sociedad brasileña. En Bufo & Spallanzani, para mi su mejor novela, editada por primera vez en España en 1986 con el titulo de Pasado negro y revisada por el autor en sucesivas ediciones (también llevada al cine con guion del propio Fonseca y de Patricia Melo, otra estimable escritora de género negro), da rienda suelta a toda su maestría estilística y un dominio del lenguaje que le lleva incluso a inventarse palabras, como alcoholatra, todo un hallazgo. En B&S, un escritor erotómano (otro más) con un oscuro y negro pasado, se ve envuelto en un asesinato disfrazado de suicidio de una dama de la alta sociedad. La clase alta es duramente tratada. En Brasil, viene a decir, la corrupción es tan endémica que es el motor de toda la economía. Tan a la orden del día que cruza la sociedad de arriba abajo y de este a oeste, tan institucionalizada que el rico se le antoja imposible que un funcionario policial no estire la mano para coger el sobre. En el crimen, el lumpen se trata con la alta burguesía.
Pero al lado de la trama del descubrimiento del criminal por un policía obstinado, hay otro juego para quien lo quiera captar. En un metamensaje de literatura dentro de la literatura, Fonseca va desgranando claves sobre como construir una novela. Comienza con los personajes: Un protagonista y un antagonista con caracteres marcados y bien diferenciados. Casi arquetipos. El policía incorruptible, un Sérpico frugal y solitario, cuyo único motor vital es perseguir la verdad, sin vicios, contra un escritor hedonista, sátiro, amante de la comida, gordo y pagado de si mismo. Añadir un cadáver de buena familia, joven y bello, unas cuantas perversiones y agitar. Por aquí y por allá va dejando aforismos, claves, reflexiones sobre el arte de escribir: El escritor debe ser esencialmente un subversivo, y su lenguaje no puede ser ni el lenguaje mistificatorio del político (y del educador), ni el represivo del gobernante. Nuestro lenguaje debe ser el del no-conformismo, el de la no-falsedad, el de la no-opresión. El escritor tiene que ser escéptico, tiene que estar contra la moral y las buenas costumbres. En estos tiempos de globalización y redes en los que la manipulación del lenguaje se ha convertido en el arma favorita de los poderes fácticos, conviene tenerlo en cuenta. Una novela que hay que leer.
Se me olvidaba. En la biblioteca de mi barrio, hay un rincón donde no llega la luz, dominado por las tinieblas, una zona maldita. La de novela romántica. Evitadla. No caigáis en la tentación, estáis a tiempo ahora que os he avisado.

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