Jorge Alonso

Víctor Guillot: «lo que aporta el CICA es una mirada que funde la alta cultura con la cultura popular»

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Foto de Leo Cobo

Casi 10 años ponen de manifiesto el arraigo del Centro de Interpretación del Cine en Asturias (CICA), espacio cultural en el que se pone a prueba la cultura como costumbre, como hábito de los asturianos en general y de los gijoneses en particular. Ciclos de cine, cursos dedicados a la historia, la psicología , la edición de video, la producción y el guión cinamtográfico en colaboración con la Universidad Popular, a lo que hay que sumar presenstaciones de libros, coloquios y la edición de NEVILLE, este magazine que comenzó siendo un programa de mano y ahora es una revista digital perfetamente implantada en las redes dedicada al cine, la litertura, la música, la historia o el deporte. Bajo un único objetivo, democratizar la cultura y ser al tiempo un espacio para el debate, la reflexión y el entretenimiento, charlamos con su director, el periodista Víctor Guillot que hace balance de su gestión ante los lectores y los espectadores del CICA

– ¿Cuál es el origen del CICA?

-El Centro de Interpretación del Cine en Asturias es una iniciativa del Casino de Asturias. Tras el cierre del emblemático cine Hernán Cortés, el patrimonio arquitectónico gijonés quedaba huérfano de uno de sus edificios más carismáticos, no sólo por su valor artístico, sino por su valor sentimental. Tras la llegada del Casino, el grupo Díaz Carbajosa desarrolla una inversión de más de 30 millones de euros para rescatar del ostracismo esta joya de la arquitectura gijonesa, no sólo con el propósito de convertirlo en un espacio de ocio y gastronomía, sino tambien con el ánimo de respetar el espíritu histórico que subyace tras sus columnas. Es ahí cuando nace el CICA, en principio, un lugar pensado para la memorabilia y desde mi llegada a la dirección, algo más que una filmoteca, o sea, todo un espacio para la reflexión, la formación y el disfrute de la cultura en general y del cine en particular.

-Aparte de la exposición permanente, muy interesante, por cierto, no se habían llevado a cabo muchas actividades hasta tu llegada a la dirección de la entidad ¿cuál fue la primera que pusiste en marcha?

-La primera que pusimos en marcha estaba dedicada a objetos que formaron parte, en su mayoría, a las grandes producciones cinematográficas de la ciencia ficción y el fantástico de los años ochenta. Maquetas de Star Wars, las garras de Freddy Kruger, una pistola utilizada en Blade Runner o el condensador de fluzzo de Regreso al futuro. Estaba patrocinada por el canal de televisión SyFy. Me interesaba por dos motivos llevarla a cabo. En primer lugar, porque podía ser una prueba de hasta qué punto el Casino estaba preparado para llevar a cabo una exposición que atraería a miles de personas en tan sólo siete días. Seguridad, guías, hoteles, equipos de mantenimiento. Ahí había toda una tarea de coordinación que hasta la fecha no se había realizado nunca. La exposición estaba valorada en varios millones de euros. En segundo lugar, más allá de esta tarea, entendía que aquellos objetos habían superado el estadio cultural de fetiche y se habían convertido en totems de una cultura que proyectaba su significado desde la década de los ochenta hasta hoy y que era recibido por la cultura de masas del siglo XXI como un elemento que influye en el diseño contemporáneo, en las formulas narrativas cinematográficas y literarias actuales y que, en algunos casos, desde la gran industria, eran un guiño a la anarquía y a una visión desenfadada y entretenidísima de la juventud y de la rebeldía. De manera que la exposición estuvo acompañada de ciclos, proyecciones, conferencias. Acudieron escritores, sociólogos, historiadores, críticos. Fue un reto y salió muy bien.

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-Ha habido ciclos para todos los gustos, del cine policesco italiano al de Alexander Mackendrick, pasando por la Nouvelle Vague pero ¿cuál de ellos recuerdas con mayor cariño? ¿Y especialmente necesario?

-En primer lugar, porque es de lo que más orgulloso me siento, habría que decir que los ciclos han servido para descubrir a grandes valores de la crítica, no sólo cinematográfica, sino cultural, que residen en Gijón, que son gijoneses, en su mayoría, y que por motivos diversos, permanecían ocultos o en el ostracismo. Ahora ya comienzan a ser reconocidos, por su colaboración en Neville, el magazine digital que editamos desde el CICA, pero dieron sus primeros pasos con el comentario a esos ciclos que mencionas, analizando el cine no desde una perspectiva estrictamente cinematográfica, sino enhebrando la alta cultura y la cultura popular, abriendo una nueva mirada sobre el cine que es, en el fondo, muy vieja, que nos hace sentir herederos de Juan Cueto o de Umberto Eco. Hablo de Adrián Sánchez Esbilla, de Rubén Paniceres, José Havel, de un tal Jorge Alonso, que colaboraron con otros críticos como Carlos Aguilar, Jesús Palacios, Roberto Cueto, o escritores como Mario Cuenca Sandoval, Agustín Fernández Mallo, Ricardo Menéndez Salmón. Siguiendo esta línea de autores, uno de los ciclos que con más entusiasmo he organizado es sin duda el dedicado al palimpsesto cinematógrafico. Lo llamamos Versiones y perversiones, anatomía del palimpsesto. Reunimos a todos estos nombres a lo largo de un més. Treinta films que explicaban desde el cine toda una teoría de la cultura que rompía con el mito de la originalidad, mito romántico por antonomasia, y nos devolvía una mirada humilde y reconfortante que dotaba de nuevo valor a la copia, a lo que se nutre de un supuesto original para producir otra cosa, otra narración, otra mirada, otra historia, y que es de por sí diferente aunque conserva el adn de ese supuesto original, de ese primerísimo punto de partida.

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Foto de Alejandro Nafría

-Hablando de lo necesario, en esta categoría entraría la parte didáctica del CICA ¿cuándo comenzó la colaboración con la Universidad Popular?

-Muy al principio, porque yo entendía que el CICA, contemplado como una filmoteca, no podía quedar reducido a una manada de cinéfilos con ganas de ver cine en versión original. En mi proyecto contaba con cursos divulgativos, cursos formativos, no necesariamente dedicados sólo al cine, sino que tuvieran como soporte comunicativo la imagen, aprovechando los recursos que ya existían entonces y de los que se dotó después. Entonces, yo sabía del trabajo de la Universidad Popular y tenía muy presente la academia de García Rua, la academia Cura Sama, que trataba de ser un referente no sólo cultural, sino academica y popular de las ideas políticas y culturales de su época. Yo necesitaba poner en contacto al CICA con la Universidad Popular porque con determinados cursos, se podía llegar a ese nivel. Y lo conseguimos muy fácilmente porque la disponibilidad de Liliana Fernández y Marcelino Martinez “Santi” fue absoluta en cuanto les invité a conocer el CICA y cual era mi propósito. Ciertamente, hoy los cursos que se programan en el Casino de Asturias son un éxito por el número de matrículas que se cierran, pero sobre todo por el entusiasmo de sus profesores y de los alumnos.

-Los cursos, tanto técnicos como de historia o sicología a través del cine han sido, son, un éxito ¿te parece que esto muestra el interés por un arte en particular, y por la cultura en general, que a veces o se nos escapa, o que es parte de un modo de ocio alternativo sin más?

-En esos cursos se extiende una mirada heterodoxa de la cultura, de la historia de las ideas de occidente, desde sus orígenes, y de eso tu sabes más que yo, hasta de la psicología, como bien nos ha enseñado Rubén Paniceres con su curso de psicología a través del cine por donde se ha paseado Freud, Jung, Skinner, la pscología de masas en el nacionalsocialismo. Esa heterodoxia es, sencillamente, una mirada más flexible, más dinámica de alcanzar ciertos conocimientos y como tales, son tan validos cuando se explican en la Universidad tanto como si se explican en una plaza o en un chigre, y como no, también en el CICA, que por su tono informal, familiar casi, de entender la cultura, logra que cobre todo su sentido. Porque lo que aporta el CICA es una mirada que funde la alta cultura con la cultura de masas, que ya es algo más que una cultura popular, o a la inversa, aún no lo tengo claro,  y que llega a ser tan sofisticada en ocasiones como la crítica psico-estética, valga el caso, de una obra de arte nacida de la posmodernidad. Quizá, qué casual, es necesaria esa crítica del pasado desde fundamentos narrativos como el cine, que es un medio de masas y un medio popular, para alcanzar a conocer la complejidad de nuestro tiempo, que es tiempo pasado, y atisbar un tiempo futuro. Pero si ya estamos preparando un curso de historia del siglo XXI que ya tiene 15 años y se puede contar a través del cine.

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-A nada que se ahonde en este sentido aparecen muchos temas que tratar, tanto en la parte didáctica, como en la versión del CICA como sala de exposiciones o como sala de exhibición cinematográfica, que por cierto nos trae el cine que nunca llega ¿qué planes se manejan a corto y medio plazo?

-El cine que nunca llega o que llega tarde y mal casí parece el título de una sección cinematográfica en una revista de cine. Me parecía una deuda que había que pagar, como diría cierto alcalde. Quiero decir que las retrospectivas están muy bien, nos han servido incluso a nosotros mismos para ponernos al día con ciertos directores, con ciertos géneros. Pero el público de hoy reclama actualidad. El público nos dice que lo que quiere ver es presente. Puro presente y en alta definición. Por supuesto, en versión original subtitulada. Y mientras las salas comerciales no satisfagan esa demanda, para eso está el CICA. Ahora bien, para mi los cursos de la UP son parte del sistema nervioso del CICA, como lo es NEVILLE, que ya no es solo un programa de cine. Hoy se hace impensable no contar con las crónicas de Marcos García Guerrero sobre el Sporting, Tiempo de silencio, que alumbró antes mi querido amigo Pablo García Guerrero, editor y profesor, y que conectan al club con los amantes de la literatura, el cine o la música, o las crónicas de la liga nacional firmadas por Adrián, que nos abren las puertas a lectores más allá de Asturias. Podría seguir con Evas Seco Morato, que da otra mirada del motor, Carlos Hevia, que es un descubrimiento o Belén Suárez Prieto.  Sin la UP y sin NEVILLE,  sin ellos, no se entendería y no tendría sentido el proyecto, de ninguna de las maneras. Por lo tanto, mi prioridad con el CICA ahora son los cursos de la UP y esta revista. Más allá de los contenidos, lo que suceda en los próximos meses no será una tarea fácil. Habrá que ir buscando la complicidad de terceros para que este espacio continúe desarrollando una tarea querida y aplaudida por los ciudadanos de Gijón y los lectores.

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Un pensamiento en “Víctor Guillot: «lo que aporta el CICA es una mirada que funde la alta cultura con la cultura popular»

  1. بهار | : salam ehsan.inja kheiiili avaz shode!albate rtesash man kheili vaght bud be webet sar nazade budam:(vali behtar az ghabl shode.afarin!;)movaffagh bashi

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