Eva Seco Morato

Cae un dios y resucita una leyenda. Gran Premio de San Marino

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La realidad en el deporte, como la vida misma, es terriblemente cruel en muchas ocasiones. Uno se pasa la vida superando cada etapa y su correspondiente calvario (la incomprensión de la adolescencia o la incertidumbre vital de los veinteañeros, por ejemplo) para llegar a la plenitud de la vida, en la que supuestamente se debería estar en lo más alto, y aparece alguien que se encarga de recordarte y gritar a los cuatro vientos  que ya estás al borde de los cuarenta y por lo tanto, estás acabado. Nada que hacer. Caput. Pero siempre sobrevive a esta presión mental alguna gallina vieja que continúa  poniendo huevos y que,  incluso deja un delicioso regusto a carne veterana. En el Gran Premio de San Marino, Valentino Rossi fue el ave de corral que cerró la boca de muchos con su veteranía y  una soberbia conducción.
La salida limpia y rápida de los hombres que ocupaban las primeras plazas auspiciaban una carrera de las que hacen afición. Lorenzo mantuvo la posición de  pole seguido de Rossi y Márquez, que sabían que tenían que forzar y arriesgar al máximo. El endiablado ritmo era cosa de tres mosqueteros, dejando a Dovizioso, Iannone o Pedrosa al margen del duelo.
Desde el prometedor inicio comenzaron el baile de adelantamientos que hacían la boca agua de unos espectadores ansiosos de guerra. Rossi se encargó rápidamente de pasar a Jorge y Marc, como no, le siguió la estela. La elección del neumático duro delantero seguramente condicionó las opciones de Lorenzo en la lucha por el primer puesto del podio.
Valen se sabía en su hogar, en un escenario repleto de color amarillo, con una moto que empieza a ser más competitiva, y tiró fuerte, con rabia, recordando a todos que en su casa manda él. Márquez, en un fin de semana poco propicio para él, llevaba el cuchillo entre los dientes, y quería demostrarle a su profesor que había aprendido bien la lección.
Pero en ocasiones las ganas ansiosas son malas consejeras, y lo que otras veces hubiera sido una espectacular salvada del ilerdense, acabó con un grado de inclinación tan excesivo que le llevó a probar el asfalto italiano. No obstante, lejos de rendirse, levantó su Honda y reanudó la marcha, aunque ya en última posición y muy alejado de la cabeza de carrera. La caída de Aleix Espargaró propició que lograra el punto del honor.
La caída que nadie se esperaba benefició a Lorenzo, que entró segundo, y a un Pedrosa que reaccionó ante la presión de Dovizioso y consiguió alzarse con la tercer puesto. Mientras tanto, Rossi resistió sin problemas en la primera posición, con la tranquilidad de saber que no llevaba a un tiburón detrás y  motivado por la sensación de subir al cajón más alto en ese circuito, para  demostrar que no son demasiadas las 35 primaveras vividas, sino que es la hora de corroborar por qué es una prometedora leyenda muy vivita y coleando.

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En Moto2, Tito Rabat dio un golpe de autoridad relegando incuestionablemente a Mika Kallio. Consiguió alcanzarle a mitad de la carrera y le superó a seis vueltas del final. El francés Johann Zarco les acompañó en el podio.
Y al igual que ocurrió en la categoría reina, no fue un día propicio para la familia Márquez en Moto3. Rins le ganó la partida a su compañero en Estrella Galiia, Álex Márquez, disputándose la plaza en un final espectacular y milimetrado. Pese a que Miller se quedó relegado en otra dimensión bastante alejada, terminó tercero y mantiene un liderato que se promete disputado y caliente.

Siempre que se corre en el Circuito Marco Simoncelli es inevitable recordar la peculiar personalidad del desaparecido piloto, con su especial manera de entrar a matar, sin dobleces, sin miedo. Como debe ser en este deporte. Y de nuevo vuelven a aparecer las injusticias de la vida, que no le dieron la oportunidad de convertirse en otro italiano loco y maduro a lo Valentino. Coincide además este Gran Premio con la caída de Márquez, que como todo incidente de este tipo pone el alma en un puño. Y es que,  es el carisma y el ansia de superación en la vida lo que te hace diferente del resto, así tengas 21 años o soples 35 velas. “He empujado porque no quería que Valentino se escapara” declaraba Marc. Es lo que debe hacer. Lo sabe y le sale de dentro.
La próxima cita en el Motorland de Aragón posicionará un Mundial que quiere hacerse de rogar. Esperaremos a saber qué es lo que dice la Virgen del Pilar…

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