Laura Martín

El sueño de Visnu o los versos salvajes de David Meza

David Meza (México, 1990) pasó hace escasos días por España para presentarnos El Sueño de Visnu, (El Gaviero Ed.) un regalo de más de 500 páginas del universo (poético y vital que, en su caso, viene a ser lo mismo) de este joven poeta cuya literatura encaja con el adjetivo desbordante, brutal, inmensa. Hablamos con él, en una conversación donde lo dice todo, de la manera más poética. ¿Podría ser de otro modo?

david Meza

Meza es uno de los escritores mejor valorados de una generación de poetas mexicanos que parece tiene mucho que decir. México es “un país imaginario”, según Meza, y sin embargo, en este país, junto a él, poesía viva son “Yaxkin Melchy (el aire), Manuel de J. (la tierra), Víctor Ibarra (el fuego), yo (si se me concede (el agua)”, nos comenta David. Ellos son parte de la conocida como La Red de Poetas Salvajes, un ejemplo de que la generación de 1990 es pura poesía. Y por poesía le preguntamos a David Meza, por El Sueño de Visnu, su último libro publicado en España y el primero de la trilogía Trimurti, (al que seguirá El sueño de Brahma y El sueño de Siva), los tres dioses hinduistas creadores y destructores del universo. Y, ¿Cómo sería el universo de Meza si él fuera Visnu? “Es que no puedo serlo ni dejar de serlo. Y si tuviese que explicarlo con este abecedario inquieto, lo más que pudiese yo explicar es la desmantelación de toda posible explicación en su desmantelamiento”. Y entonces nos surge un paralelismo, el de la vida y la escritura: “la vida es literatura. No me parece posible ver el mundo desde ningún otro ángulo”, y entonces ¿Qué es poesía? “Es la desmantelación de la historia”, recalca. Ya lo dicen sus versos: La poesía ya no es un lujo más de los poderosos-eruditos, la poesía es una necesidad, es un grito, es un atentado con sueños, con lápices y esa sangre que se queda pegada a la ropa. Este es un nuevo siglo y el No poder se nos muestra como un acto del pasado. Este es un nuevo siglo. En todo caso No al poder.

“¿Es salvaje mi poesía? Lo único evidente es que soy el personaje literario de una novela caricaturesca donde América y Europa no ocupan más de dos o tres notas al pie”, comenta David de su relación con esta red de autores, un ejemplo de que esta generación de poetas han vivido y mantienen viva una poesía donde la red, internet, tiene una peso imprescindible. De ellos ya hablamos en un anterior reportaje sobre el movimiento literario de la Alt Lit, un movimiento que Meza define como “uno de los centros imaginarios de gravedad”.

david meza 2

El Sueño de Visnu divide su contenidos en partes por nombres propios, (Rebeca, Luis, Leonel, Verónica, Héctor, Edgar, Marta…), un recurso literario que comenta se debe a que “todas las personas que conozco son personajes literarios (algunos lo tienen más presente que otros).” Y es que acercarnos a la literatura de este poeta mexicano es toda una experiencia vital. Su obra bebe de un uso extraordinario de la imagen poética – “Mi vida nunca fue un pájaro sangrando estambre por las alas.”-, imágenes que asocian puntos discordantes para alzarse en belleza. Ya lo decía Vicente Huidobro cuando habla de esa significación mágica que aparece en la obra de Meza en todo su esplendor: ”Aparte de la significación gramatical del lenguaje, hay otra, una significación mágica, que es la única que nos interesa (…) rompe esa norma convencional y en él las palabras pierden su representación estricta para adquirir otra más profunda y como rodeada de un aura luminosa que debe elevar al lector del plano habitual y envolverlo en una atmósfera encantada.”

Su particular visión poética nos lleva a preguntarnos cómo es posible que un joven de 24 años denote tanta experiencia vivida o acumulada en su obra, y sin embargo, Meza indica que “sólo se ve una dimensionalidad de mí. Yo ya he sido hablando conmigo. Tú ya has sido yo hablando contigo. La maquinaria es subhistórica, suprahistórica, transhistórica (aquí apenas es aquí)”. A veces dinámico y decidido, a veces pausado o evasivo, Meza escribe versos sin parar. Y los párrafos dejan de serlo para convertirse en una ola continua de mar literario.

Y en esta maquinaria, el sueño es una pieza clave del imaginario Meza. No sólo porque forme parte del título, sino porque su escritura se mueve en ese ámbito espacio-temporal de la ensoñación, donde la cosmología y la relación con las divinidades, en esa atención primaria por la relación viva del poema y el ser humano, es protagonista: “Quiero que los poetas dejen de llamarse poetas y comiencen a llamarse sueños y que los sueños comiencen a llamarse estrellas o luciérnagas o arroyos o triciclos.”

Y en ese torrente de luz que ciega que es Meza, los versos rozan los límites de una locura muy bien estructurada, “La locura es un nivel muy elemental de la novela”, comenta el autor y nos ayuda a localizar uno de los planos primarios que ayudan a comprender, si es que es necesario, ese estado tan primario en el que poeta vomita su poesía.

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